
Hoy viernes tuvimos una sesión hermosa de fotos con mi abuelita, mi mamá y mi prima. Una sesión hermosa: estamos guardando momentos, simplemente, porque lo mejor de mi abuelita lo llevo en mi corazón y una foto no podría captar el amor que siento por ella. Ella representa para mí huevitos revueltos con frijolitos colados y un par de franceses en mi plato, canciones, sonrisas, abrazos, consejos, etc. Desde pequeña me quedé a dormir en su casa; mis papás salían a pasear o se iban de viaje y yo, junto a mi hermano, iba a casa de mis abuelitos. Recuerdo que, cuando era hora de levantarse, ella me cantaba: “Arriba, arriba, arriba, compañeros, derecho abandonar, ¿no veis que las campanas alegres tocan ya?”. Lo tengo grabado en mi corazón.
Ella platicó conmigo, con mi hermano y con mi prima; juntos aprendimos de su risa, de su alegría, de su forma de enfrentar la vida. Nos contó de su niñez, de lo mucho que amó a su papá y a su mamá, mis bisabuelos, a quienes no conocí. Nos contó cómo conoció al abuelito, cómo la conquistó, y también momentos alegres y tristes de su matrimonio con mi abuelito. Nos habló de su fe en Dios y de los milagros y regalos que Él le dio, entre ellos, nosotros, sus nietos…
Muchas cosas sé de ella, que les iré compartiendo: es una parte importante de mi vida; llevo su sello grabado en mi corazón. Ella vivirá en mí…
Compartir esto:


